Y ahí estaba yo apurando el último trago del amargo café mientras trataba de concentrarme en unos apuntes que no me decían nada interesante.
A la derecha, mi cigarro se consumía lentamente en un cenicero lleno de colillas. Siempre me había preguntado si esta era la vida que quería vivir, o era la que al fin y al cabo me había tocado y no tenía mas remedio que aceptarla y seguir para adelante.
Tras la lectura de la primera página, miraba ansioso el móvil, deseando que de repente se pusiera a sonar, y al otro lado alguien me susurrara que me echaba de menos. Que se preocupara por mis inquietudes y me calmara mis falsos traspiés.
Tras rendirme, decidí salir a dar una vuelta, despejarme, respirar aire puro. Lejos de conseguir mi objetivo, como era de esperar, acabé entrando al bar de la esquina de casa.
Tras pedir una cerveza opté por encenderme el último de los cigarros que me quedaba, aunque no fuera de aire puro, de algo tendría que llenar mis pulmones, y decidí observar al resto de compañía del local.
Una vez leí que en aquellos antros siempre encontraría la compañía de soledades dispuestas a acabar con el martirio de sus días, pero… aunque me hubiera gustado contar que allí estaba ella, la típica rubia de bar de final de la barra esta vez… no fue así.
También me suelo preguntar cuántas veces han de pasar los trenes por nuestra vida para no quedarnos en tierra. O cómo sabemos si estamos preparados para dar el difícil paso de hacer las maletas y poner camino en medio del destino.
Desde luego aquella noche no conseguí despejar mis dudas, así que volví a casa bajo la fina lluvia, intentando no volver sobre los pasos que me habían llevado hasta allí, para así no recaer en las mismas sensaciones de aquella noche.-
¿Y tú qué dices, corazón?
No hay comentarios:
Publicar un comentario